sábado 7 de noviembre de 2009

La desaparecida laguna de la Magdalena, la otra Chapala

La laguna de La Magdalena se localizó a setenta kilómetros al poniente de Guadalajara, sobre los municipios de Magdalena, Etzatlán, Antonio Escobedo y Hostotipaquillo.[1] Tuvo una extensión de cincuenta y cinco kilómetros cuadrados aproximadamente, que la convertía en la segunda más grande del estado de Jalisco. Contó con dos pequeñas islas en su centro. Según un informe del ingeniero Manuel Iglesias, presentado ante la Secretaría de Fomento en el año de 1866; la laguna proporcionaba pescado, en especial bagre, así como tule, que fue utilizado por los ribereños en la manufactura de diversos productos que vendían en la región. Era además un medio eficiente de comunicación entre pueblos y haciendas, ya que facilitaba el transporte de mercancías. Sus aguas eran utilizadas en el regadío de plantíos de maíz, trigo, fríjol, cebada, maguey, entre otros productos, que se producían en las haciendas de San Andrés, La Quemada, Estancia de los Ayllones, San Sebastián, La Esperanza y 10 ranchos más. También daba de beber a más de 40,000 cabezas de ganado.[2]

En 1856 el general Refugio González solicitó al presidente de la República Ignacio Comonfort, la autorización para desecar la laguna de La Magdalena, alegando que con ello obtendrían tierras fértiles para el cultivo, así como aguas que serían utilizadas para irrigar el valle de Ahualulco.[3] El proyecto fue aprobado e inmediatamente comenzaron los trabajos, que consistieron en la construcción de un canal que conduciría el agua a una presa en las cercanías de Ahualulco. La ganancia que obtendría González sería el usufructo del agua por 15 años, mientras que el gobierno conservaría todos los terrenos desecados. Los hacendados del lugar no estuvieron de acuerdo y entablaron un litigio en contra de González, ya que la obra afectaría la productividad de sus haciendas que no contarían con el agua suficiente para sus plantíos. Iglesias afirmó al respecto, que la desecación produciría la ruina de los pueblos, haciendas y ranchos ribereños, por la falta de agua y humedad, además manifestó que productores como Miguel Camacho tendrían perdidas considerables ya que poco tiempo antes había invertido fuertes cantidades en obras de irrigación.[4] Los propietarios lograron detener las obras de desagüe por algunos años. Sin embargo en 1879, Porfirio Díaz revalidó la licencia a González quien reanudó las obras del canal, que de nuevo fueron suspendidas por los amparos logrados por los hacendados. El pleito se prolongó por muchos años y en la segunda década del siglo XX, el gobierno concedió la autorización para la desecación, que sería llevada a cabo por la Compañía Andazor, cuyo gerente era Andrés Andazor. Para el efecto se construyó un canal que atraviesa el pueblo de Antonio Escobedo, y que fue conocido por el nombre de “El Tajo” que conducía el agua hasta la presa “Colorada” donde se redistribuía. Para el año de 1934 la mayor parte de la laguna se encontraba seca y solo durante el temporal de lluvias subía el nivel gracias a los abundantes escurrimientos de aquella época, pero en pocos días volvía a secarse.[5] Con los años la laguna desapareció por completo.

[1] Este artículo lo publiqué hace algunos años en el diario el Occidental, si alguien desea la referencia completa deje un comentario.
[2] Miguel Iglesias. “La desecación de la laguna de Magdalena,” en El estado de Jalisco. Núm. 75. Diciembre 3 de 1879. pp. 2-3.
[3] “Una cuestión de utilidad pública,” en Juan Panadero. Tomo IX. 673. pp. 1-2.
[4] Iglesias. Op cit.
[5] Antonio Domínguez Ocampo. Historias de mi pueblo. Guadalajara. 1985. pp. 63-65.

2 comentarios:

  1. Excelente aporte el de las fotos del antes y el después. Da coraje ver cómo se han dedicado a destruir algunas edificaciones que valían la pena para dar paso a puras blasfemias de la arquitectura.

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  2. Pues si pero aquí en Guadalajara eso pasa frecuentemente

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