miércoles 21 de octubre de 2009

Origen de la Festividad de Día de Muertos

Temática:
Introducción
La Importancia de la muerte para el México Prehispánico
Día de todos los Santos y los Fieles Difuntos
Sincretismo
A manera de conclusión
Elementos que contiene un Altar de Muerto en Occidente

Introducción

En México una de las festividades que más llama la atención es sin duda el Día de Muertos. En diversas regiones de nuestro país se efectúa con solemnidad y evoca la antigua religión prehispánica. Celebración milticolor que con su olor a copal envuelve de misticismo a quien goza de ella, fiesta pletórica en simbolismos que se manifiestan en las velas, el papel picado, las calaveras, y la flor de cempoazuchilt. En los estados de Oaxaca, Michoacán, Veracruz, Morelos, México y Guanajuato es parte de su identidad, y ha sido objeto de estudio de antropólogos e historiadores nacionales y extranjeros. En ella se recuerda a los seres queridos que han dejado la vida terrenal.

Contrariamente a lo que se piensa, esta celebración tiene su origen en un sincretismo producto de la fusión de las religiones indígena y católica. Aunque los simbolismos que predominan en ella son esencialmente prehispánicos no se puede negar su legado español. Por tal motivo la festividad es importante para los antropólogos ya que tienen un ejemplo vivo de este tipo de fenómenos que describe la idiosincrasia y evolución de un pueblo. Lamentablemente esta tradición se está perdiendo debido a la intromisión de valores culturales procedentes del extranjero, difundidos a través de medios de comunicación como la televisión, el cine, el Internet y la radio. El Halloween ha sustituido con los años al Día de Muertos, principalmente en ciudades como Guadalajara y Jalapa entre otras, en donde la Secretaria de Educación Pública ha tenido que introducir en los programas de educación cívica capítulos que expliquen su origen y simbolismo para evitar su pérdida. Tristemente en diversos lugares la fiesta se ha convertido en mera exhibición, ya que en las escuelas los alumnos montan altares buscando con ello cubrir el requisito para obtener una calificación. Pese a lo anterior, las medidas tomadas por la Secretaría de Educación Pública pueden considerarse buenas, ya que al menos se ha tratado de frenar el proceso de aculturación vivida en las grandes urbes.

La falta de identificación con nuestra cultura da píe a adoptar nuevos pensamientos, costumbres y formas de vida de otras latitudes que poco a poco están provocando la pérdida de nuestra identidad nacional, lo que hace importante la conservación de nuestras tradiciones. Para entender la importancia antropológica de esta celebración es necesario remontarnos a su origen y hablar de algunas características de las religiones que la conformaron.
Importancia de la Muerte para el México Prehispánico

Desde la cosmovisión indígena, la estancia en la Tierra era un paso de un largo viaje al inframundo, como se pone en evidencia en el siguiente poema:

Nada perdura en la Tierra,
¿Acaso de verdad se vive en la Tierra?
No para siempre en la Tierra: sólo un poco aquí.
Aunque sea jade se quiebra,
Aunque sea oro se rompe,
Aunque sea plumaje de quetzal se desgarra,
No para siempre en la Tierra: sólo un poco aquí.
[1]

La religión Prehispánica se basó en los dos grandes enigmas del hombre: la vida y la muerte. Esta dualidad se hace evidente en su numeroso panteón, en el cual Mictlantecuhtli era a la vez un Dios benigno que acogía a las animas de los difuntos que atravesaban los diversos niveles del inframundo que componían el Mictlan, o bien se convertía en el monstruo devorador de almas de los espíritus que no lograban realizar las diversas pruebas del inframundo. En su cosmovisión no existía un dios equivalente al Diablo, si no que sus deidades juzgaban el comportamiento de los hombres permitiendo la trascendencia o destrucción de los pueblo.

El culto a la muerte fue el eje de la vida de estos pueblos, lo que se ejemplifica con los numerosos sacrificios humanos efectuados por los Mexicas, los cuales se explican mediante la leyenda del nacimiento de Huitzilopochtli. Según cuenta la historia, en el Cerro de Coatepec o Cerro de las Serpientes la Coatlicue diosa de la Tierra, paseaba por el campo y del cielo vio caer una bola de plumas, y al momento de tomarla quedó preñada. La hermana de la diosa, la Coyolchauqui indignada por este hecho incitó a los cuatrocientos hijos de la Coatlicue a matar a su madre debido a que los había deshonrado. Al llegar todos al cerro de Coatepec blandiendo sus armas para asesinarla, del vientre de la Coatlicue nació Huitzilopochtli, quien mató a sus cuatrocientos hermanos que a su vez se convirtieron en las estrellas. A la Coyolchauqui la asesinó y la despeñó del cerro convirtiéndose posteriormente en la Luna. Desde la cosmovisión Mexica a Huitzilopochtli se le asocia con el sol, y cada vez que anochecía se escenificaba de nueva cuenta la batalla, por lo que era menester alimentarlo con sangre porque de lo contrario un día no saldría el sol y el mundo conocido acabaría.

El pensamiento indígena admitía la existencia de diversos cielos a los que se accedía dependiendo el tipo de muerte que se sufría. Los guerreros que morían en batalla o eran sacrificados a los dioses iban al paraíso del sol, el Tonatiuhichan, casa del sol, en donde acompañarían al dios en jardines llenos de flores, entre cantos y simulacros guerreros, siendo los privilegiados, escogidos por el dios para encarnar en colibríes y mariposas. Las mujeres que morían en el parto pasaban al paraíso de occidente, el Cihuatlalpan, ya que se consideraba un privilegio morir en la lucha por dar vida a un nuevo ser. Los que fallecían ahogados, por un rayo o por alguna enfermedad que se le atribuyera al agua llegaban al Tlalocan, lugar de Tláloc, en donde todo era alegría y alabanza al dios de la lluvia. Los niños muertos antes de probar alimento iban al Chichihuacuauhco o árbol nodriza donde esperaban el tzompantli, un ciclo o Era para volver a nacer.
Los hombres que morían por cualquier otra causa viajaban al Mictlan y su alma o Teyolia tendrían que hacer un recorrido de cuatro años para poder justificar su existencia en la Tierra, en el transcurso de las cuales su espíritu tenía que pasar por diversas niveles llenas de peligros, por tal motivo en los enterramientos se colocaban perros que servían como guía en camino al Mictlan, obsidiana, mantas y otro tipo de instrumentes que facilitaría su viaje al inframundo. En el primer nivel debía cruzar un río muy caudaloso donde perro serviría como guía; la segunda prueba tenían que atravesar el Tepememonamictia donde eran despojados de su ropa y los cerros chocaban entre sí; el tercer nivel era el Iztepetl lleno de pedernales cortantes que sorteaban con ayuda de las mantas; el cuarto peligro era el Cehuecayan donde helaba, para esta prueba debía de ponerse la ropa abrigada que se ponía en el entierro; el quinto nivel llevaba por nombre Itzehecayan en donde el viento cortaba como obsidiana. El espíritu del jaguar al que se le entregaba la obsidiana en forma de esfera en lugar del corazón, se encontraba en el sexto sitio llamado Teo Oylehualoyan. Pasando el sexto sitio, se caía en un lago de agua negra, el Apanhuiayo, en donde estaba el lagarto Xochitonal o flor del espíritu, que debía ser burlado con ayuda del izcuintli, llegando al séptimo sitio el Chiconahupan donde el color atigrado del izcuintli era esencial para cruzar el río. Las pruebas se sorteaban durante los cuatro años y al final se llegaba al Mictlan al donde se reunían con Mictlantecutli el dios de los muertos, donde reposaría el Tetolia por la eternidad.

Los antiguos habitantes de Mesoamérica tuvieron dos fiestas en las que veneraban a los difuntos, el Miccaihuitontli celebrada el ocho de agosto y dedicada a los muertecitos, en la cual se ofrendaban flores y juguetes; y el Xocotl- huetzi, o gran fiesta de los muertos se celebraba el 28 de agosto sacrificando gran cantidad de hombres y se ofrendando diversos tipos de alimentos en la que no faltaba el tamal que fue una imitación de envoltorio mortuorio.[2] Ambas fiestas fueron prohibidas por la conquista, sin embargo muchos de sus simbolismos fueron adaptados a las creencias católicas del Día de Todos los Santos y de los Fieles Difuntos.
Día de Todos los Santos y Fieles Difuntos

A la conquista militar efectuada por los españoles a partir de 1519 le siguió la conquista espiritual, que fue realizada por las ordenes religiosas desde 1524,
[3] fecha en que hicieron su arribo los primeros misioneros pertenecientes a la orden franciscana. Muchos fueron los problemas que enfrentaron debido al desconocimiento de las diferentes lenguas y costumbres en las regiones que conformarían el Virreinato de la Nueva España. Los medios que utilizaron para evangelizar comúnmente fueron las representaciones escénicas bíblicas, cantos con oraciones traducidos al nahualt, pintura con representaciones religiosas, cayendo en el extremo de bautizos masivos, lo que provocó la incomprensión de la doctrina católica que fue reinterpretada y comparada en algunos aspectos con su antigua religión.

Desde la cosmovisión católica el concepto de dualidad está presente, lo que se hace manifiesto en la existencia de un Cielo y de un Infierno. Al Cielo se accede dependiendo del tipo de vida que el hombre hubiera llevado en su estancia en la Tierra, si se cumplió o no con los ritos y mandamientos que impone la Ley de Dios. En el Cielo o Paraíso habitan Dios, los Ángeles, Arcángeles y Santos quienes viven disfrutando de una felicidad eterna. Caso contrario es el Infierno regenteado por el Diablo a donde van todas las almas de los hombres que en la Tierra vivieron fuera de la Iglesia al desobedecer los mandamientos. La Iglesia establecía que en el inframundo existían otros dos lugares intermedios, el Purgatorio a donde van las almas a purificar sus pecados, y el Limbo que se destina a la Ánimas de los niños que murieron sin ser bautizados, que sumados a los dos anteriores nos dan un total de cuatro niveles.

Otro ejemplo de dualidad lo encontramos en la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo que es Creador, Redentor y Guía respectivamente; por otro lado existe la Tríada Diabólica que se hace patente en las acciones de Satanás que son destruir, esclavizar y torturar. Esto es descrito por Giovanni Papini, quien afirma:

Como el Diablo quiere imitar en todo a su Hacedor, no ha de maravillarnos que sean reconocibles en él tres personas, unidas, pero distintas a semejanza de las de la Trinidad... Y estas tres personas son reverso, como es natural, de las divinas: El Padre crea y Satanás destruye; el Hijo redime y Satanás esclaviza; el Espíritu Santo ilumina y consuela, mientras que Satanás entenebrece y tortura.[4]

La reinterpretación indígena respecto a estas dualidades pudo haber provocado analogías con su antigua religión donde existían niveles en el inframundo al igual que la católica; dioses con diversas advocaciones como Quetzalcoatl, Ehecatl y Tlaihuizcalpantecutli, que en un momento dado pudieron ser suplantados por la Trinidad. Además la existencia de un santoral, en unión con las advocaciones de la Virgen pudo también ser comparado con los 365 dioses del que se compuso el panteón indígena.

Entre las diversas fiestas religiosas impuestas por los españoles, el día 1 de Noviembre se recordaba a todos los santos o mártires que murieron por la fe, tradición que inició durante el papado de Gregorio IV (827-844) quien la instituyó, aunque cabe mencionar que desde el 359 se recordaban a los mártires el día 13 de Mayo en las iglesias[5] de Siria. El origen del Día de los Fieles Difuntos se localiza en la segunda mitad del siglo XVI según lo comenta Elsa Malvido quien explica su origen:


Cuando arribaron las primeras reliquias de los santos europeos y asiáticos, fueron recibidas desde el Puerto de Veracruz hasta su destino con arcos de flores, procesiones y oraciones a su paso. Finalmente se albergó en el Templo de la Santa Enseñanza. A partir de entonces se celebró el Día de los Fieles Difuntos el 2 de Noviembre o sea el día en que se recuerda a todos aquellos creyentes que murieron en el martirio o en la santidad, pero cuyos nombres no aparecen en el calendario.[6]

Ambas fiestas fueron impuestas a los diversos pueblos indígenas durante la conquista espiritual realizada principalmente por las órdenes religiosas franciscana, dominica, agustina y carmelita que fueron las primeras en arribar a la Nueva España.


Sincretismo

La conquista espiritual significó la destrucción de la religión indígena que fue superpuesta por la católica, sin embargo esto no significó que los indígenas la aceptaran totalmente, ya que muchos de ellos se resistieron y continuaron con sus prácticas paganas, ya sea en lugares alejados de los españoles, o bien ocultando las representaciones de sus dioses dentro de los lugares de culto. Los que decidieron convertirse añadieron una serie de elementos que utilizaban comúnmente para adorarlos o venerarlos, dándose con ello un fenómeno de sincretismo cultural. Se entiende por sincretismo a la fusión de dos culturas diferentes que dan origen a otra nueva.[7]

En México existen muchos ejemplos de este fenómeno y destaca entre ellos el Día de Muertos. Como se mencionó en los apartados anteriores, los indígenas contaban con dos fiestas en las cuales recordaban a sus muertos, que fueron prohibidas a la llegada de los españoles. El calendario festivo español incluía el 1 y 2 de Noviembre como días especiales para recordar a los difuntos, lo que facilitó a los indígenas la comprensión de las fiestas, y hasta cierto punto apropiárselas al incorporar una serie de elementos simbólicos. Este hecho convierte a la fiesta de muertos en una celebración mestiza que tuvo su origen en la época Colonial no en la Prehispánica como se afirma comúnmente. Las políticas de los gobiernos revolucionarios han estado enfocadas en muchos aspectos a borrar o ennegrecer todo lo que implique la palabra catolicismo, por lo que se ha desechado su aporte español que es igual de importante que el indígena.

Entre los elementos que componen un altar de muertos en occidente y que ayudan a ejemplificar lo anterior destacan la utilización de tres calaveras distribuidas una en el primer nivel y dos en el segundo, que recuerdan a la Santísima Trinidad, o bien la primera a Mictlantecuhtli, dios tutelar del Mictlan. Los tres niveles que constituyen un altar hacen alusión de nueva cuenta a la Santísima Trinidad, y a la vez a los tres Cielos principales prehispánicos que fueron el Mictlan, el Tlalocan y el Tonatihuichan; además la utilización de cirios, velas y veladoras son una aportación española, dado que éstas han sido utilizados en los diferentes ritos católicos desde sus inicios y simbolizan la luz del Señor que ilumina el camino en medio de las tinieblas.

Lo que hace muy importante la conservación de esta fiesta es el sincretismo que se aprecia en la actitud asumida por los indígenas ante la muerte. Para los europeos los días 1 y 2 de Noviembre significó sufrimiento y tristeza, ocasionado por el recuerdo e los seres queridos, mientras que para los indígenas representó la oportunidad de reencontrarse con las ánimas de sus seres queridos, lo que la convertía en una fiesta de verdadera alegría y colorido, que sigue sorprendiendo al mundo occidental.

Otro ejemplo de sincretismo puede observarse en los alimentos, ya que los antiguos pueblos prehispánicos basaban su dieta en el complejo alimenticio maíz, chile, fríjol y calabaza y dependiendo la región fue el tipo de frutas que consumían que se complementaba con pescado, guajolote, perro, venado, entre otros. Con la conquista fueron introducidos a su menú otro tipo de alimentos como el trigo, el arroz, las carnes de cerdo, de vaca, etcétera, que con el paso del tiempo se mezclaron dando origen a platillos típicos como el pozole, los sopes, menudo, mondongo, tequila, etcétera. Ese tipo de alimentos los encontramos frecuentemente como ofrenda en los altares y no podemos dejar de lado el pan de muerto[8] hecho de trigo o el tequila que es de origen mestizo , dado que el proceso de destilación es de origen europeo.

La manera de celebrar el Día de Muertos varia según la región y etnias que la efectúan, lo cual se refleja en la forma de elaborar los altares, por ejemplo en Guanajuato y en Oaxaca los altares son de siete niveles representando los cielos del Mictlán, mientras que en occidente el altar se constituye solo de tres niveles. En algunas regiones de Veracruz el altar únicamente se limita a una mesa y un pequeño arco de flores de cempoazuchitl y la ofrenda destinada al difunto que está dedicado. Otro elemento distintivo son los colores en el papel picado, ya que en el centro de México se permite la combinación del rojo, naranja, rosa, amarillo, blanco y morado, en tanto que en Jalisco se utiliza únicamente el rosa, blanco y morado. Y el amarillo solo se permite cuando el altar es dedicado a los niños. En otras regiones del país, como algunos municipios de Michoacán, el altar casero no se utiliza y la celebración se efectúa en los cementerios, donde suelen decorarse las tumbas con arcos compuestos por flores de cempoazuchitl y frutos, y en ese mismo lugar se ofrendan los alimentos y se convive con los difuntos.


A manera de conclusión

A lo largo de este trabajo se ha efectuado un análisis sobre el origen real de la celebración de Día de Muertos, y me he percatado de que la mayoría de los trabajos que consulté se hace referencia al origen indígena de la celebración, y se excluye parcial o totalmente la parte católica debido básicamente a las políticas de los gobiernos posrevolucionarios que con su educación “laica” impiden que se explique sus simbolismos. Como se hizo mención la mayor parte de los elementos son de origen prehispánico, pero los indígenas le añadieron una significación católica, por eso creo que es importante replantear el origen esta tradición con su significación real sin excluir un solo elemento. Las palabras Iglesia, Dios, Cristo, Santo, Virgen o católico causan incomodidad o disgusto en ciertos sectores encargados de dirigir la educación pública, por lo que están vetadas de los textos de educación primaria gratuita, como se aprecia en los libros de Civismo recientemente editados, donde se incluye un apartado de Día de Muertos que ofrece una información errónea e incompleta.

Elementos que contiene un Altar de Muerto en Occidente


En el altar se representan los cuatro elementos de vida que son: tierra viento fuego y agua:

La tierra se representa con frutos.

El viento: Con papel picado de los colores siguientes:
Morado: Que representa duelo y tristeza.
Rosa: Representa la alegría por la convivencia entre vivos y muertos.
Amarillo: Alegría pero sólo se utiliza para altares dedicados a los niños.

El fuego con velas

El agua: Un recipiente que contenga este líquido sirve para que el ánima moje sus labios al llegar después de su largo recorrido.

Tres Niveles: Un altar de muertos ésta conformado por tres niveles que representan primeramente: presente, pasado y futuro, además simboliza la Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Por otro lado significan los niveles del inframundo para los indígenas: Tonatihuichan, Tlalocan y Mictlán.

Otros elementos

Retrato o foto: a quien esta dedicado el altar.

Copal: avisa a las ánimas que son esperadas en la fiesta, además limpia el lugar de los malos espíritus para que el alma del difunto llegue sin ningún problema.

Flores de tzempoalxochitl (Flor de los muertos): adornan, aromatizan y guían al ánima(a través de un camino) el lugar durante la visita del ánima.

Sal: en forma de cruz sirve para purificar el alma del difunto, y también para condimentar los alimentos.

Ceniza: en forma de cruz sirve para que el ánima expíe sus culpas si se encuentra en el purgatorio.

Cirios, velas, y veladoras: cuatro velas en forma de cruz sirven para representar los cuatro puntos cardinales. Una vela para el ánima sola. Las veladoras en forma de camino para que se guíe el espíritu; y velas en todo al altar para que lo alumbre.

Calaveras de azúcar y barro: en el nivel superior se colocaran tres calaveras, destacando una dedicada al padre (Mitlantecutli). En el segundo nivel se colocan otras tres calaveras que representan la Santísima Trinidad.

Un aguamanil, jabón y toalla: Sirve para que el espíritu lave sus manos al llegar al altar.

Alimentos: para el deleite del visitante, además de bebidas embriagantes para que recuerde los grandes acontecimientos de su vida.

Pan de Muerto: que representa el cuerpo del difunto.

Efectos personales: Que hará recordar a familiares y amigos como era su presencia en este mundo.

Mantel blanco



[1] Netzahualcoyotl. La fiesta de Muertos. Lindero Ediciones-MBS. México. 2000. 13p.
[2]Manuel Torres Guzmán. “Festividades Mortuorias en la época Prehispánica,” en Muerte, Altares y Ofrendas, Ed Instituto Veracruzano de Cultura. Veracruz,2002, pp.26-27.
[3] Fray Toribio de Benavente.”Los Indios de la Nueva España”Porrua.México.
[4] Giovanni Papini. “El Diablo”Época México. 2002. 9p.
[5] Gilberto Bermúdes Gorrochotegui. “La Fiesta de todos los Santos,” Muerte, Altares y Ofrendas Instituto Veracruzano de Cultura. Veracruz. 2002. 33p.
[6] Elsa Malvido
[7] José Inés Lozano Andrade.”Introducción a las Ciencias Sociales. “,Ed. Plaza y Valdés. México 1988.p 52.
[8] Recetario de Altares

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